A Biblioteca da UNED Ourense leva o nome de “Xeración Perdida”

IES CHAMOSO LAMAS

Un sinxelo acto consistente no descubrimento dunha placa por parte do
director, Jesús Manuel García, e unha conferencia impartida polo profesor
Julio Prada ante 200 espectadores serviu para homenaxear a todos
os ourensáns que integran a citada xeración.

A Biblioteca de UNED Ourense leva o nome de Biblioteca Xeración Perdida. Cun sinxelo acto descubriuse a placa xunto ao acceso á biblioteca e mediante unha conferencia explicouse quen pertencen a esta xeración.

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O director de UNED Ourense, doutor Jesús Manuel García Díaz, dixo que “no Consello de Dirección e no Claustro do noso Centro universitario manifestei o ano pasado que, con motivo, neste 2022, da celebración do 50 aniversario da nosa Universidade, era conveniente dar nome á Biblioteca de UNED Ourense. Durante 30 anos de vida do noso
centro, este importante espazo estivo sen un nome que o distinga entre as
bibliotecas públicas existentes. Despois dun longo estudo no que se barallaron
diversas propostas, chegamos á conclusión de que máis que escoller o nome dun só personaxe, resultaría mellor dedicala a cuantos todos ourensáns e ourensás por diversas razóns tiveron que desenvolver a súa carreira profesional (as súas capacidades artísticas, intelectuais, empresariais, industriais…) fose das nosas fronteiras ben pola emigración ben polo exilio. E aquelas que, polo pensamento único imposto na ditadura franquista, quedaron na dade”, engadiu García Díaz.Una vez descubierta la placa por el director de UNED Ourense, la atención se
centró en la conferencia que ofreció en el Salón de Actos el doctor Julio Prada
Rodríguez seguida por doscientas personas. Prada es profesor titular de Historia
Contemporánea, licenciado en Derecho y profesor tutor del Centro Asociado a la
UNED en Ourense
“Agradezco al director la invitación para explicar esta xeración perdida, propuesta
que le formulé y que se refiere a miles de personas, unas anónimas, otras bien
conocidas que padecieron la represión. Y aquellos que se refugiaron en lo que se
conoce como exilio interior, privados como sociedad de lo que pudieran haber
desarrollado con sus aportaciones en el ámbito cultural, científico pro también
social y económico”.
Prada Rodríguez indicó que generación perdida es un término que a muchos puede
evocar cosas muy diferentes. “En realidad se popularizó para referirse a esa
cohorte generacional que alcanzó la mayoría de edad en medio de ese gran
aldabonazo para la conciencia de todos los pueblos civilizados que representó la
Primera Guerra Mundial. Concretamente con este nombre se designaron a muchos
excombatientes y, en general, a grandes colectivos caracterizados por la
desorientación, por el desconcierto y la confusión en que quedó sumida toda la
sociedad europea como consecuencia de la conflagración”. Añadió el profesor que
“como xeración perdida también se conoce a un colectivo de escritores
norteamericanos expatriados a París en los años 20 del pasado siglo. La
denominación que, al parecer, se debe a la novelista norteamericana Gertrude Stei.
Con todo, se debe a otro escritor genial, Ernest Hemingway que, según cuenta en
sus memorias, al parecer Gertrude Steiner escuchó la frase del dueño de un taller
quien, encolerizado porque el mecánico joven no podía reparar el coche de Stein
con suficiente rapidez, le gritó algo así como: ‘¡Todos vosotros sois una generación
perdida!’, en referencia precisamente a todos esos jóvenes que habían servido en
la guerra. Hemingway se apropió de esta expresión y la utilizó en su novela The
sun also rises, traducida en España como Fiesta. En aquel colectivo de escritores
estaban también, entre otros, Scott Fitzgerald, Thomas S. Eliot o William Faulkner”.
Julio Prada prosiguió señalando que de un modo más cercano a Galicia, al hablar
de xeración perdida, “quizás alguno recuerde el libro homónimo de Francisco
Castro Veloso, que tiene como protagonista a Ricardo, un joven vigués que se
dedicaba a pasar droga pero que a la vez luchaba por escapar de ese submundo
en el que se movía. Esa novela al mismo tiempo es retrato de toda una generación,
la de quienes teníamos aproximadamente 10 años cuando murió Franco, que vimos
desaparecer a muchos amigos o conocidos que cayeron en las garras de la droga.
De otra xeración perdida nos habla también Manuel Iglesias Turnes en As rapazas
de xan, que más allá de la historia que cuenta puede ser leída por toda esa
generación que sufrió lo que algunos llamaron el tiempo sin esperanza del
franquismo, un tiempo de hambre, miseria no sólo económica sino también social y
moral. Tiempo de dictadura feroz, de injusticia, capaz de sacar a la luz lo peor de
las gentes, pero también como ocurre en este libro, que en medio de esa miseria
moral pueden irrumpir los rasgos de humanidad más insospechados, precisamente
en los personajes de quienes menos lo hubiésemos esperado. A veces, quienes
más sufrieron la marginación, la condena, el estigma. A otros aquí les venga a la
mente una noticia reciente sobre el rodaje de un documental titulado precisamente
Xeración Perdida 36, que pretende rescatar a toda una serie de figuras
represaliadas, en este caso, de la provincia de A Coruña, y que ya habían sido
objeto de estudio en un proyecto de investigación titulado Generación perdida,
representación institucional republicana y represión en la provincia de A Coruña,
cuyo objetivo principal era recuperar esas corporaciones municipales que hicieron
frente al golpe de estado de 1936”.
“Como habrán adivinado, lo que les propongo aquí tiene que ver con lo que a mi
juicio son las claves principales que nos permiten entender el verdadero significado
de ese tiempo sin esperanza para toda una generación. Para ello podemos tomar
como referencia cualquier nivel de análisis, desde la totalidad del Estado español a
la más recóndita aldea gallega pasando por la más populosa de nuestras ciudades.
Y, en esencia, esas claves serán las mismas”.
Según el censo de 1930 la provincia de Ourense contaba con 426.043 habitantes
(53,18% mujeres) de los que 21.579 residían en la capital. “Más de 3.330 personas
fueron sometidas a un proceso por la jurisdicción de guerra entre 1936 y 1945, casi
1.800 de ellas encausadas; se impusieron 249 penas de muerte, de las que fueron
ejecutadas 202 y otras 47 conmutadas por la de reclusión perpetua y más de
quinientas asesinadas extrajudicialmente; si les sumamos los fallecidos en prisión,
el número de víctimas es de 789″, señaló el ponente, añadiendo que, “además de
los plegados por la jurisdicción de guerra más de 7.000 personas fueron detenidas
modalidades represivas que es necesario analizar desde la perspectiva
económica, administrativa, social y cultural.
 un tercer nivel o estrato superior derivado de los dos anteriores, dominio de
la represión psicológica y de las estructuras mentales autorreprimidas.
“Prescindiendo de los primeros, lo que me interesa ahora es incidir precisamente en
otros aspectos mucho menos tratados por los historiadores pero que resultan de
singular importancia para comprender el verdadero significado del que hubo de
enfrentar esa generación perdida que hoy homenajeamos. Como punto de partida,
piensen ustedes lo difícil que resulta conceptualizar la represión social o profundizar
en los mecanismos de coerción y control social a consecuencia del carácter
multicomprensivo que presenta frente a otras formas represivas, mucho más claras
en sus perfiles”. La diferencia de la represión física no busca la eliminación o la
reclusión del disidente, “sino que alcanza su mayor virtualidad cuando los
elementos más activos de la ‘vieja orden’ fueron ya represaliados. Tampoco se
manifiesta necesariamente en forma de exacciones económicas, aunque con
frecuencia estas sean un mecanismo más para forzar la aceptación de la población
de determinadas pautas de comportamiento, como sucede con ciertas multas
impuestas a quienes no respetan los patrones de conducta impuestos por los
sublevados. Ni siquiera ha de valerse de una sanción administrativa destinada a
depurar pasados compromisos y a asegurar la lealtad de toda la Administración
franquista”, explicó el ponente.
Modalidad represiva difusa
“Se trata, por el contrario, prosigue Julio Prada de una modalidad represiva
mucho más indeterminada y difusa, porque no se dirige contra un individuo
concreto sino contra el conjunto de la sociedad, a pesar de que pueda adoptar
caracteres diferenciados con colectivos específicos, como sucede por ejemplo con
las mujeres, víctimas de unas vejaciones particulares. Por eso sus efectos son
mucho más negativos y perversos, como lo son también sus objetivos: lo que se
busca es la anulación de los individuos y la destrucción de los elementos
esenciales de la sociedad civil preexistente no conformes con los intereses de los
sublevados y su relevo por un nuevo orden social impuesto en el que la población
acepte su sometimiento incondicional al poder político, actuando mismo sobre el
plano simbólico. Abarca múltiples imposiciones puestas al servicio de las diferentes
estrategias de control social implementadas por los sublevados. Desde la
obligatoriedad del saludo brazo en el alto, hasta repicar las campanas y los desfiles
y concentraciones patrióticas que se sucedían después de la toma de cualquier
capital. Cualesquiera que fueran sus manifestaciones, el resultado era siempre el
mismo: el reforzamiento del clima de sometimiento y miedo para recordar a los
posibles desafectos quién mandaba en la nueva situación, paralizando, antes de
producirse, cualquier tentativa de resistencia, al mismo tiempo que se reforzaba la
cohesión y la unificación de voluntades de los afectos”.
Los medios de comunicación
El control sobre los medios de comunicación, particularmente de prensa y radio,
“era por supuesto fundamental y por eso no debe extrañar que entre las primeras
preocupaciones de los sublevados estuviera la organización de los aparatos
propagandísticos y el establecimiento de una rígida censura. Por supuesto, la
dirección de los medios de comunicación escrita fue encomendada a hombres
comprometidos con la causa nacional, mientras eran suspendidos diarios de larga
trayectoria, como La Zarpa”.
Las ondas radiofónicas y los periódicos afectos “instruían a los ciudadanos sobre
los medios de información permitidos y las lecturas recomendadas; ni siquiera en el
ámbito familiar cabía la más mínima discrepancia ante el temor a una delación. La
Iglesia cumplió un papel esencial en la imposición de esta noticia moral, publicando
pastorales, instrucciones y sermones que, además de un desconocimiento radical
de la realidad gallega, demostraban que su privilegiada posición como transmisores
de la fe era utilizada como un sistema de adoctrinamiento político que coincidía con
los postulados franquistas”.
“También podríamos hablar de la orientación del ‘programa cultural’ de los
sublevados, con la prohibición de libros tan peligrosos como Crimen y Castigo,
Guerra y Paz, La Barraca, Los Miserables o Ana Karenina. Como resultado, miles
de libros desaparecieron de numerosas bibliotecas en toda Galicia y la censura
previa nos hizo retroceder casi a los tiempos inquisitoriales”, señala el ponente.
“Y qué decir de lo que ocurría en el ámbito educativo, donde lo que pasó a primarse
fue la formación de individuos dóciles, capaces de obedecer de forma
incondicionada, aunque eso supusiera negarse a sí mismos y supeditar su
personalidad al ideal supremo dictado por la autoridad. La Historia de España, por
ejemplo, fue convenientemente manipulada para transmitir una imagen
prefabricada que giraba alrededor de tres ideas principales:
 La exaltación de la catolicidad como elemento esencial de la nación
española y el carácter mesiánico de su pueblo, llamado por Dios para lo
desempeño de las más elevadas tareas: no la menor, la grandiosa cruzada
librada contra el marxismo nos sus campos de batalla.
 La exaltación de la unidad de España, no solo territorial sino también
espiritual.
 La idea de imperio católico, que debe ser conciliada con el ideal de
hispanidad como unidad de destino en el universal”.
La lengua gallega, recuerda el profesor tutor de UNED Ourense, “fue ridiculizada
hasta el absurdo en nombre de un pseudopatrioterismo estatalista y excluyente.
Los avances conseguidos en este apartado durante la República desaparecieron,
entrándose en una fase de silencio oficial y de persecución más o menos soterrada
que tuvo la misma efectividad práctica que la mucho más conocida y notoria de los
casos vasco y catalán. Esa generación perdida tuvo que convivir con la que fue una
sistemática exclusión del gallego de los medios de comunicación, tanto escritos
como hablados, mientras la propaganda oficial, controlada en su mayoría por
Falange, insistía en su carácter puramente dialectal. Todo eso unido a la supresión
del Seminario de Estudios Gallegos, clausura de la Editorial Nós, la prohibición de
la prensa en gallego y la eliminación, el exilio o la condena al silencio de los más
destacados representantes de la política y el pensamiento gallegos, fueron
suficientes para cortar de cuajo el florecimiento de una cultura cívica que tenía sus
bases sentadas para iniciar su despegue en julio de 1936″.
Represión psicológica
El último de los niveles a analizar es el de la represión psicológica, “el menos
conocido y el más difícil de hacer visible cuando nos referimos a esta generación
perdida porque es el resultado de un proceso u operación por medio del cual el
sujeto relega al inconsciente una serie de representaciones o ideas que le resultan
inaceptables en virtud de determinadas exigencias. La obediencia, el
funcionamiento de las instituciones y el comportamiento colectivo pasaron a estar
determinados por el miedo, que hizo anidar en las conciencias de esta generación
perdida el recelo permanente hacia el vecino, el temor a cuanto significara
compromiso con causa alguna, el rechazo de toda forma de acción colectiva por
miedo a las delaciones, la percepción de que solo en un individualismo exacerbado
era posible hallar refugio a la espera de que cambiaran los tiempos. Con eso
cambió el concepto de la política que, pasó de ser un instrumento de modernización
de la sociedad a considerarse negativamente; a ser vista como un pecado
congénito de buena parte de la población que era preciso expiar con el sufrimiento
para redimirse. También se acentuaron las tendencias inhibidoras y se generaron
comportamientos antiasociativos que arraigaron en las generaciones posteriores a
la guerra y, sobre todo, se levantó un muro de silencio, de suspicacias y
reticencias”.
La represión implementada por los sublevados desde las diferentes instancias de
poder y a todos los niveles, explicó Prada, “se benefició del perverso efecto
multiplicador resultante de sumar a ella la coerción ejercida por comprometidos,
adheridos, apócrifos, acomodaticios y hasta indiferentes que solo deseaban el
retorno de la ‘normalidad’. Una suma de fuerzas prácticamente invencible para
quienes habían conseguido sobrevivir a las brigadas del amanecer, a los pelotones
de fusilamiento, a los años de cárcel, a la guerra, a las torturas, a la pérdida del
puesto de trabajo, al hambre, a sus propios miedos y a las esperanzas
defraudadas. El silencio, la autocensura, el exilio interior eran para esta generación
perdida su única defensa. El exilio interior o directamente el abandono de su patria
desde el momento en que Galicia queda en manos de los sublevados. Conocemos
bien quiénes son estas personas que escapan a los montes, huyen a la zona leal a
la República o se esconden en cuadras, sótanos o minas desde los primeros días
de la rebelión en espera de que el Gobierno de la República logre imponerse. Se
trata de un conglomerado multiforme de simpatizantes del Frente Popular,
socialistas, cenetistas y comunistas que abandonan villas y ciudades; pero también
numerosos campesinos comprometidos con las sociedades agrarias, militantes de
partidos republicanos, algún pequeño-burgués de izquierdas, algunas víctimas de
persecuciones caciquiles y de odios y luchas particulares, etc.”
El ponente distingue tres fases bien diferenciadas:
 Julio-agosto de 1936.
 Septiembre 1936-abril 1939.
El período posterior al final de la Guerra Civil, subdividible a su vez en:
 Década de los cuarenta: exilio por «goteo» de huidos y guerrilleros a través
de Portugal, atravesando la Península hasta la frontera francesa o por vía
marítima.
 Década de los cincuenta: fase de menor salida de exiliados. Cabría hablar
más bien de predominio de la emigración legal con motivaciones
sociopolíticas.
“Unos y otros, los del exilio de fuera y los del exilio interior, constituyen esa
generación perdida a la que con este sencillo acto de dar su nombre a la biblioteca
del Centro Asociado a la UNED en Ourense se quiso tributar un merecido
homenaje”, aseguró el ponente, quien remató su intervención parafraseando a
Hemingway: “La tierra permanece para siempre jamás’ y, por tanto, más que hablar
de generación perdida tendríamos que hablar de ‘semilla de libertad'”