Este venres (día 27) na Libraría Escolma Presentación do libro “Cándido, a mi pesar” do autor Juanjo Álvarez Carro

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NOTA DO AUTOR:

Por qué Cándido.

Por qué a mi pesar.

Es evidente la resonancia que llega al título de este libro proveniente del premio Planeta de Gonzalo Torrente Ballester, Filomeno, a mi pesar. Memoria de un señorito descolocado, concedido en 1988. Y decidí rematar el retrato al añadirle a mi Cándido el subtítulo de Crónica de un homicidio descolocado. A don Gonzalo le debemos muchas más cosas. Y jamás podremos agradecer con suficiencia.

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La Saga/Fuga de JB, publicada en 1972, bien mereció para algunos el vertiginoso apelativo de “El Quijote” del siglo XX.  Por eso les aclaro que no voy a ser el primero ni tampoco el último que guste de pasear por terrenos neblinosos, como los de Galicia, adonde me trajeron desde Argentina con doce años, apenas dos después de la Saga/Fuga. Desde aquel momento supe, con cierto regusto inconfesable, que aquella iba a ser una visita al Medioevo. Y con esto no estoy haciendo literatura, sino que les estoy contando la literalidad de una constatación. Lo malo vino cuando la visita al parque temático medieval se convirtió en definitiva. Se convirtió en un establecimiento con cambio de domicilio.

Para ser justos, en las siempre injustas comparaciones en las que uno coteja como le da la gana, debería empezar por apelar a todos aquellos que han tenido ocasión de vivir a uno y otro lado del Atlántico. O al menos a quienes han cambiado alguna vez de lugar, de paisaje, de clima, calle o familia: algo que es siempre motivo de zozobra tanto física como emocional, nos pongamos como nos pongamos. Ni siquiera aquellos que presuman de solidez emocional, de consistencia intelectual saldrán indemnes de lo que supone un cambio tan drástico. Y más aún a una edad tan temprana como los doce años. Esos cambios dan lugar a otros. Cuáles son y cuándo llegan, es algo tal vez variable. La intensidad con que afectan y la cantidad de movimiento que el golpe trae dependen de si viene en guante o a puño abierto. Pero traen cola. Indiscutiblemente.


OS MELLORES ESTABLECEMENTOS


Entonces, esa traslación se convierte en pólvora para los cañonazos adolescentes; en combustible para la imaginación; en material de construcción para la arquitectura emocional de cada uno. Una vez pasada la explosión de los cañonazos, ardido el combustible por la imaginación y montada tu arquitectura, es sustancia muy alimenticia para la narrativa.

Una vez leí, quiero recordar que era un psicólogo quien lo escribiera, que la nostalgia bien encauzada puede ser fuente de otras cosas. Que ese sentimiento asociado a la melancolía da para un capital cuyo valor ha de acrecentar cada uno. Por eso decía Graham Greene que la infancia es el capital literario de los escritores. Si es así, soy rico entonces. Cuento con un capital al que habrá que sacar provecho, tal como le dijo John Le Carré a su amigo el maestro británico. Ojalá me ayuden ustedes. No lo digo porque lo hagan al comprar esta edición, sino porque ese capital sea real, literariamente contante y sonante, y no pura imaginación de libro.

Pero bueno: como bien sabemos los gallegos, cuando las nubes dejan de gotear y las nieblas se van, nos dejan un verde maravilloso.

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