Carta Pastoral do Sr. Bispo con motivo da “Jornada de Manos Unidas”

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Queridos hermanos y hermanas:

El próximo día 8 de febrero, en todas las Misas del domingo, se debe hacer la Colecta de la Campaña contra el hambre en el mundo que organiza, como es costumbre, MANOS UNIDAS. Como bien sabéis es una de las colectas obligatorias que se realizan a lo largo del año. La Iglesia que peregrina en España se une a esta Campaña de Manos Unidas, como expresión concreta de la caridad cristiana, del compromiso evangélico con los más pobres y de nuestra responsabilidad ante un mundo herido por la desigualdad, la violencia, la injusticia y la guerra.

Manos Unidas nació en 1959, impulsada por mujeres de Acción Católica, como respuesta creyente y organizada ante el gravísimo escándalo del hambre y del subdesarrollo en amplias zonas geográficas del mundo. Desde sus inicios, esta ONG de la Iglesia Católica ha querido unir fe y vida, oración y acción, anuncio del Evangelio y promoción humana. Es necesario decir que no se trata solo de una obra asistencial, sino que Manos Unidas apuesta por el desarrollo integral de las personas y de los pueblos, financiando proyectos de educación, salud, agricultura, promoción de la mujer, acceso al agua y fortalecimiento comunitario, siempre en colaboración con las Iglesias locales y organizaciones de base de los países empobrecidos. Su finalidad es clara: combatir las causas estructurales del hambre, denunciar la injusticia que lo provoca y despertar las conciencias, tantas veces adormecidas, en nuestras comunidades.

En un mundo marcado por la globalización de la indiferencia, Manos Unidas es como una voz profética en medio de nuestra sociedad tan aburguesada y a veces sufriendo un individualismo creciente que le hace sufrir una terrible miopía que le impide ver los problemas más allá de uno mismo. Es una voz que nos resulta incómoda porque nos recuerda que el hambre no es solo un problema técnico, sino un fracaso moral colectivo de la sociedad actual que parece que sólo se mira a sí misma y se convierte en autorreferencial. Gracias a la labor llevada a cabo por Manos Unidas se tejen puentes de solidaridad entre los pueblos, se promueve una cultura del cuidado y de la corresponsabilidad, se educa para una ciudadanía global, crítica y comprometida y, lo que también es muy importante, se nos ofrece un testimonio creíble de la Iglesia que se pone al servicio de los últimos; en definitiva, nos demuestra que la fe cristiana, cuando es auténtica, se traduce en justicia, paz y en un compromiso concreto.

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El lema de la campaña de este año, «Declara la guerra al hambre», en sí mismo parece que encierre una cierta paradoja evangélica que nos interpela; porque somos conscientes que allí donde hay un conflicto armado, el hambre se convierte en arma y consecuencia: campos arrasados, poblaciones desplazadas, economías destruidas, generaciones enteras sin futuro. Y, por otra parte, donde hay hambre persistente, brota la desesperación de las gentes, la inestabilidad social, el enfrentamiento y, tantas veces, guerras entre hermanos. El hambre y la guerra se retroalimentan en un círculo perverso que solo puede romperse con la justicia social, el diálogo honesto y sincero entre los dirigentes de las naciones, y en una decidida apuesta por la paz.

Como cristianos, hijos de Dios en el seno de la Iglesia Católica, una gran familia que no tiene fronteras, no podemos permanecer neutrales. Declarar la guerra al hambre es, en realidad, luchar por construir la paz, y esto supone trabajar por un mundo donde nadie sea descartado y donde los bienes de la creación lleguen a todos y se compartan.

Os invito a todos, mis queridos hermanos, a que oréis y pidáis oraciones por la paz; orad por las víctimas del hambre y para que finalicen los conflictos armados. Os ruego a los sacerdotes y agentes de pastoral que suscitéis en todas vuestras comunidades un espíritu de colaboración generosa con Manos Unidas en esta colecta y en la campaña que realiza a lo largo de todo el año. Nada debe impedir que se realice la colecta en el momento oportuno de la Eucaristía, una colecta que se puede extender a lo largo de todo este mes y, si cabe, puede servirnos como una limosna durante la Cuaresma que se acerca.  Que Santa María Madre nos ayude a no cerrarnos ante tanto sufrimiento como causa el hambre en el mundo y que el Señor nos conceda un corazón sensible, manos generosas y una fe fecunda que se traduzca en gestos de amor.

Con mi bendición y afecto.

J. Leonardo Lemos Montanet

Bispo de Ourense

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