Pablo A. Guillén: “Historia de una ambición desmedida”

----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Pablo Álvarez Guillén é Enxeñeiro Agrónomo pola Universidade Politécnica de Madrid.

Curriculum de Pablo Álvarez Guillén:

Pablo Álvarez Guillén é Enxeñeiro Agrónomo, pola Universidade  Politécnica de Madrid, na Especialidade de Economía Agraria. Consultor  medioambiental especialista en ecoloxía aplicada e en servizos  ecosistémicos.

Había una vez una joven villa, a la que alguien se refirió como “un navío de piedra anclado en un mar de pinos”, donde vivían gentes trabajadoras que habían sabido aprovechar su favorable posición.

Los dirigentes del pueblo, enorgullecidos del progreso alcanzado, decidieron que necesitaban crecer aún más. Acudieron a los Gobernantes de la región y juntos diseñaron un plan ambicioso: construir un Gran Polígono Industrial que ocuparía una extensión inmensa, equivalente a cien campos de futbol.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------

Algunas voces advirtieron sobre las graves repercusiones medioambientales que tendría un desarrollo industrial de tal magnitud. Pero el órgano regional competente en materia ambiental aceptó los estudios que le presentaron y concluyó que no había de qué preocuparse:

  • El Gran Polígono consumiría más de medio millón de metros cúbicos de agua al año —suficiente para abastecer a una ciudad de diez mil habitantes— pero esto no pondría en peligro el ya débil suministro de agua a la población, ni empeoraría la decadente calidad del Río Armenteiro. No era necesario estudiar otras formas de abastecimiento.
  • Generaría más de mil metros cúbicos diarios de aguas residuales, pero estas no alterarían la ya baja calidad de las aguas del arroyo Currás.
  • Las recurrentes inundaciones del Currás no empeorarían, pese al gran aumento del vertido de aguas pluviales que ocasionaría tanta superficie impermeabilizada.
  • La destrucción de suelo y vegetación en una superficie enorme no afectaría a la ya deteriorada fauna y flora de la zona.
  • Las naves industriales alcanzarían quince metros de altura —equivalentes a edificios de cinco plantas—, o más si se justificaba debidamente, pero esto no alteraría el ya artificial paisaje del entorno.
  • El consumo eléctrico estimado, equivalente al de una ciudad de sesenta mil habitantes, no tendría un impacto energético significativo.
  • Y el tráfico de más de cinco mil vehículos diarios no afectaría la seguridad vial ni el confort sonoro de las zonas residenciales y centros educativos adyacentes.

Y así, pese a todas las advertencias, los Gobernantes aprobaron el proyecto del Gran Polígono, afirmando que no se producirían repercusiones ambientales significativas.

Las autoridades locales se mostraron plenamente de acuerdo con este diagnóstico. Hasta tal punto, que solicitaron aumentar la extracción de agua del Río Armenteiro para abastecer al Gran Polígono.

Además, aquel invierno fue especialmente lluvioso, lo que llevó a algunos responsables locales a ironizar: “No nos dirán ahora que falta agua”. Sin embargo, ahí residía precisamente el problema: el clima había cambiado. Los periodos de lluvia y sequía eran ahora más extremos, no solo en duración sino también en intensidad.

Pero se aprobó el proyecto y todos pensaron que se había planificado una obra que garantizaría un futuro prometedor para la villa y su comarca.

No fue así, con la aprobación comenzaron los problemas.

Las primeras desavenencias surgieron cuando los propietarios de los terrenos afectados tuvieron conocimiento de que el precio de expropiación en la región, terrenos forestales en su mayoría, apenas alcanzaba el euro por metro cuadrado.

Con la aprobación del plan, los suelos pasaron automáticamente de rústicos a industriales. Y con ello ocurrió algo inesperado: como el Gran Polígono se ejecutaría por fases, los propietarios de las tierras descubrieron que sus parcelas ya no les pertenecían del todo. Legalmente seguían siendo suyas, pero no podían usarlas como antes, no se podía edificar y nadie quería comprarlas. Quedaron en un “limbo jurídico”, esperando una expropiación que llegaría según se fuesen desarrollando las diferentes fases, a cambio de apenas un euro por metro cuadrado.

Pasaron tres años, luego cinco, luego ocho. Algunos propietarios, cansados de tener sus derechos cautivos, rogaron que se hiciera la expropiación de una vez, aunque fuera por ese precio irrisorio. Otros permanecieron en silencio, con la esperanza de que el proyecto se abandonara y pudieran recuperar lo que era suyo.

Mientras tanto, la escasez de agua para abastecimiento de la población, que algunos ya habían advertido, dejó de ser una advertencia para convertirse en una evidencia. Sus aguas, antaño ya desmejoradas, continuaron degradándose hasta dificultar la vida piscícola. El Currás empeoró sus inundaciones. La gente del pueblo comenzó a sentir la falta de salud de sus ríos.

Finalmente, los dirigentes comprendieron su error. O quizás simplemente advirtieron la alarma social creada. El hecho es que anunciaron que el Gran Polígono no continuaría como estaba previsto. Esta vez, prometieron, lo harían diferente: primero, valorarían cuáles son las necesidades reales de crecimiento; segundo, estimarían qué recursos hídricos están realmente disponibles; y tercero, estudiarían cuidadosamente cuál es la mejor alternativa de localización.

Pero el daño estaba hecho: solo una pequeña parte del Gran Polígono Industrial había sido construida, apenas un puñado de naves que ocupaban el horizonte como gigantes grises. La mayor parte de las tierras afectadas quedaron cautivas, ya no eran ni zona agrícola o forestal ni tampoco un polígono industrial, solo un erial de expectativas rotas esperando una expropiación que no llegó.

Todos aprendieron la lección demasiado tarde: que el daño ambiental no se suma, se multiplica. Que “un territorio haya perdido buena parte de su calidad” no es una justificación para terminar de destruirlo, sino precisamente la razón para proteger lo poco que queda e intentar recuperarlo.

Y que cuando la ambición desmedida ciega a los gobernantes, y hacen caso omiso a las voces discrepantes, el progreso prometido se convierte en ruina compartida. Las buenas intenciones para el futuro nunca devuelven lo que la imprudencia destruyó.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.


OS MELLORES ESTABLECEMENTOS




Outros artigos de Pablo Álvarez Guillén:

Pablo A. Guillén: “O ano do xílgaro”

Pablo A. Guillén: “Estado do metabolismo urbano do Carballiño”

Pablo A. Guillén: “Os documentos para a ampliación do parque empresarial”

Pablo A. Guillén: “Facerse trampas ao solitario”

Pablo A. Guillén: “Benvida ao novo Presidente da Deputación”

Pablo A. Guillén: “Consolidar o éxito da Festa do Pulpo”

Pablo A. Guillén: “A maior Romaria de Galicia “

Pablo A. Guillén: “Carballiño 14.000 + 13.000″

Pablo A. Guillén: “A obrigación de pagar pola xestión do lixo ”

Pablo A. Guillén: “Unha ferramenta para artellar acordos”

A “Parada de Autobús Intermodal”

O plan especial de seca: un plan moi especial

Breves escritos coas eleccións municipais de fondo (VIII): “planificación urbanística e ordenación territorial”

Breves escritos coas eleccións municipais de fondo (VII): “mobilidade segura e confortable”

Breves escritos coas eleccións municipais de fondo (VI): avanzar na aplicación dos principios da economía circular

Breves escritos coas eleccións municipais de fondo (V): As infraestruturas verdes.

Breves escritos coas eleccións municipais de fondo (IV): A auga, ese ben escaso e moi valioso

Breves escritos coas eleccións municipais de fondo (III): Sen contaminación lumínica nin electromagnética

Breves escritos coas eleccións municipais de fondo (II): Gozar dunha atmósfera saudable

Breves escritos coas eleccións municipais de fondo (I): Gozar de confort sonoro

Otras consideraciones medioambientales para la ampliación del Polígono Industrial

Las alternativas para la ampliación del polígono industrial

La ampliación del polígono industrial en información pública

Ahorro de energía en el alumbrado público

Ahorro energético en comunidades de vecinos

Sequía y agua de boca

El protocolo de colaboración para el nuevo Centro de Salud

Chega o contedor de lixo de cor castaño ás nosas rúas

Un Centro de Salud amigable en un Carballiño saludable

Carballiño: Puerto seco de Galicia

Las claves medioambientales y sociales para la ampliación del Polígono Industrial

La ampliación del Polígono y el Paisaje

La ampliación del Polígono y el ciclo hídrico

La ampliación del polígono y el patrimonio natural

Consideraciones sobre el agotamiento de suelo empresarial

El poligono industrial de Maside

Síntese do modelo urbano “Carballiño Saudable 2030”

Unha proposta de modelo urbano saudable para o Carballiño 2030: (1) aspectos xerais da mobilidade urbana

Unha proposta de modelo urbano saudable para o Carballiño 2030: (2) Itinerarios de preferencia peonil.

Unha proposta de modelo urbano saudable para o Carballiño 2030: (3) Reordenar a configuración do tránsito motorizado

Unha proposta de modelo urbano saudable para o Carballiño 2030: (4) Coser o tecido urbano norte sur (I)

Unha proposta de modelo urbano saudable para o Carballiño 2030: (5) Coser o tecido urbano norte sur (II)

Unha proposta de modelo urbano saudable para o Carballiño 2030: (6) Gañar funcionalidade na “Avenida”.

Unha proposta de modelo urbano saudable para o Carballiño 2030: (7) Achegar o parque ao centro urbano

PUBLICIDADE---------------------------------------------------------------------------------------------------